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INTERNET DROGA

LAS NUEVAS DROGAS DEL SIGLO XXI: INTERNET Y LAS REDES SOCIALES

Llevamos apenas dos décadas del siglo XXI y la sociedad se enfrenta a un importante reto: educar a nuestros hijos liberándoles de las adicciones a las nuevas tecnologías y a las redes sociales.

¡Menudo desafío!

Las nuevas tecnologías han llegado para quedarse. 

 Suponen un gran avance y la tecnología bien usada nos aporta muchas ventajas y nos facilita la vida. Sin embargo, en muchos casos, existe una dependencia grave de la tecnología y sus aparatos.

Según UNICEF, uno de cada tres menores está enganchado a internet y a las redes sociales. La agencia de ayuda humanitaria de la ONU también apunta que el 90% mira el móvil todos los días, y el 42% de estos jóvenes tiene adicción a la pornografía.

Un 31,6% reconoce que invierte más de 5 horas diarias navegando en Internet o haciendo uso de las redes sociales, porcentaje que aumenta hasta el 49,6% durante el fin de semana. En lo que se refiere a los videojuegos, la mayoría dedica entre 7 y 8 horas a la semana, pero un 4,4% supera las 30 horas semanales. 

Según el informe de UNICEF, uno de cada siete adolescentes de entre 10 y 19 años tiene un problema de salud mental diagnosticado. Eso significa 166 millones de niños y jóvenes en todo el mundo, casi la mitad de los cuales por trastornos como la depresión y la ansiedad. 

Las nuevas tecnologías generan mucha adicción en los menores. En España ya hay hospitales públicos que tratan estas patologías. El primero en dar el paso fue el Gregorio Marañón en Madrid.

Acceder a las redes sociales y jugar a videojuegos, hábitos presentes en nuestro día a día, no son malos en sí mismos. El problema surge cuando estos dispositivos condicionan nuestra vida. 

LAS SEÑALES DE ALARMA

Hay señales de alarma que son claras por el abuso de los dispositivos:

Cuando su uso interfiere su uso en nuestra vida diaria. Cuando su uso interfiere en la vida normal de una persona, es una clara señal de alarma. La adicción puede venir de las compras compulsivas, del uso excesivo de las redes sociales, de exceso de juegos on line, o de cualquier otro tipo de navegación a través de Internet.

Malestar psicológico. Aun cuando no se consuma diariamente, si el no tener acceso a internet genera malestar, tenemos un problema. Irritabilidad, angustia, ansiedad, estrés o incluso depresión son también señales peligrosas y de alarma.

Pérdida de control. En ocasiones se generan sensaciones de no saber cómo decidir o cómo actuar, creando un sentimiento de indefensión hacia uno mismo.

Problemas académicos. Los niños o adolescentes bajan el rendimiento en el colegio y/o empiezan a faltar a clase.

Problemas de salud. Agotamiento de la vista, dolores musculares por posturas inadecuadas, problemas de alimentación, sueño o higiene.

Abandono de las actividades habituales. Se deja de dedicar tiempo al ocio, a estar con los amigos, a comer con la familia los fines de semana, a viajar con la familia, a hacer deporte o a socializar con gente nueva.

Un ejemplo de la degeneración del uso de las redes sociales es el llamado “scroll Infinito”. Se trata de una función que permite a los usuarios acceder a distintos contenidos constantemente, sin necesidad de hacer nada. Esta forma de uso de las redes está fomentando todavía más la adicción (se la denomina, incluso, “la cocaína conductual”).

Aún recuerdo con estupefacción la noticia de un niño chino que optó por cortarse una mano al no ser capaz de controlar su hiperadicción a internet. Fue a comienzos de 2015. La desesperación por acabar con su dependencia de Internet llevó a este joven chino de 19 años a cortarse la mano izquierda.

El adolescente, conocido como ‘Little Wang’, se escapó por la noche de su casa dejando una nota manuscrita a su madre y llevándose un cuchillo de la cocina.  En la nota decía: “mamá, he ido al hospital un momento. No te preocupes. Volveré esta noche”.

El joven, natural de la provincia de Jiangsu, se fue a un parque y allí se cortó la mano sobre un banco. Luego llamó a un taxi para que le llevara al hospital más cercano. La policía recuperó la mano amputada, pero los cirujanos que atendieron al chico no pudieron hacer nada para que recuperara su funcionalidad.

A mi entender, el problema es fundamental abordarlo desde el ámbito familiar.

RECOMENDACIONES PARA EVITAR LA ADICCIÓN 

Es necesario que desde pequeños se supervise el uso de la tecnología y se establezcan límites y tareas acordes a cada edad. Es muy importante tener en cuenta que no sirve de nada hablarles a los hijos adolescentes de las adicciones digitales, si los padres son también adictos a ella. El ejemplo es la base de la educación.

Es importante hacer que el adicto tome consciencia de su dependencia y comenzar a reintroducir, o introducir en caso de que no las hubiera antes, actividades al margen de la tecnología, que les permitan socializar con la gente de manera saludable. Recuperar rutinas perdidas tanto de sueño como de alimentación, e incorporar hábitos como realizar ejercicio, tan importante en la adolescencia. 

Es nuestro deber como sociedad preparar a las generaciones presentes y futuras para reforzar actitudes beneficiosas para la salud mental y que no encuentren en el teléfono móvil un refugio donde evadirse de sus problemas. 

Es también importante según los datos expertos evitar que nuestros hijos tengan acceso a las pantallas antes de los dos años.

Es recomendable inculcar a los jóvenes la realización de actividades grupales relacionadas con el deporte, las artes, las ciencias o simplemente lúdicas. También es fundamental sacar tiempo de donde sea para educar a nuestros pequeños. Hay que acompañarles en las diferentes etapas de su vida y transmitirles confianza para que se sientan seguros y cuanto antes autónomos para enfrentarse al mundo real. Hay que ser accesibles, aunque firmes cuando sea necesario, y educarles desde pequeños en valores como la diversidad, la tolerancia, la amabilidad, el amor, el respeto al medioambiente, así como explicarles los problemas de las adicciones y sus graves consecuencias.

Es también muy recomendable buscar espacios comunes de interacción familiar para disfrutar de actividades en grupo y no usar los premios o los castigos como métodos de fomento o represión de sus comportamientos. Por poner un ejemplo ilustrativo, es como si le decimos a un niño que puede beber alcohol o fumar si se porta bien o no puede hacerlo si se porta mal. Con el sistema de premios y castigos podemos estar, sin querer, fomentando aún más la adicción de nuestros jóvenes.

No cabe duda de que estamos ante un gran reto, que no sólo afecta a las familias y a los más pequeños, sino a la sociedad en general y por eso también desde la sociedad civil y el espacio político tenemos que estar concienciados para ayudar a paliar este grave problema social.

Información y educación desde el amor y libertad. Esa es la clave.

 

Raúl Varela

CEO de la Fundación Mundial de la Felicidad 

www.raulvarelabarros.com

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